sábado, 22 de junio de 2019

PARTE 1ª: EL INICIO




Francisco Soler


Días antes del pleno de la investidura, sin que el PP lograse que Miguel Zaragoza se sentase a hablar con Ignacio Soler, ni siquiera con la mediación de algunos y algunas personas con cierto peso dentro del partido, recibo dos llamadas en el mismo día, una era de Luis Crisol, un peso pesado de Ciudadanos con el que me llevaba muy bien. Era un hombre sensato y con el que se podía hablar de muchas cosas, incluso de aquello que era contradictorio en el ideario de Cs. Me dijo que debíamos abstenernos en la votación. Yo me quedé estupefacto. Pero… ¿por qué? Le dije. El contestó que la decisión venia de arriba y que sólo me la trasladaba. Yo, en principio, me desmoroné, luego, tras unos segundos le dije: “pero llevamos toda la campaña anunciando que los vamos a sacar del Ayuntamiento…, que vamos a sacar a la luz todo lo que encontremos y tenga indicios de delito. Se lo hemos prometido al pueblo, nos hemos comprometido a abrir cajones y a levantar alfombras. Y ahora…,
a dos días del pleno, ¿me venís con esto? Pues sabes lo que te digo, que ya he dado mi palabra a mi pueblo y yo siempre cumplo con mi palabra, dile a los de arriba que no esperen que la quebrante”.

Esto fue por la mañana. Por la tarde, ya haciéndose de noche volví a recibir otra, esta vez del Coordinador Provincia. Un tipo de actitud chulesca y modales refinados que había sido director de la Agencia de Energía con un Presidente de la Diputación, hoy juzgado por el caso Brugal. Aquel tipo, fue el que impidió que a finales de 2014, Canviem Santa Pola, como partido local independiente, después de ser aprobado por las bases, se presentase en coalición con Cs, ni siquiera permitió que los miembros de Canviem se incorporaran como independientes. Faltando dos meses para las elecciones, tuvimos que integrarnos en la estructura política de Cs. No había tiempo material para presentarnos como Canviem, nos habían fagocitado. Pues bien, fue ese tipo quien me llamo y en tono amenazante intentó doblegar mi voluntad para que mi voto fuera una abstención. Le dije de todo menos bonito. Le dije que, con qué derecho, un sinvergüenza como él, me daba órdenes a mí y que, si tenía lo que hay que tener que viniera a decírmelo a la cara, que de la patada que le iba a meter en el culo no iba a necesitar ningún avión. Después supe que había mantenido una reunión con Miguel Zaragoza y que, posiblemente, ambos hubieran despejado el camino. De ahí, que Zaragoza no quisiera sentarse con Ignacio, pensaba que la partida la tenía ganada, pero no, nadie había ganado nada. Lo que sigue todos lo saben, el PP, siguiendo las mismas reglas que rigen la aritmética parlamentaria, después de doce años en el gobierno cometiendo toda clase de tropelías, paso a la oposición.

Los primeros días en el Ayuntamiento fueron de aprendizaje. No esperaba una expulsión inmediata, no sin abrir un expediente y presentar mis recursos ante el Comité de Derechos y Garantías, se suponía que Ciudadanos era un partido que cumpliría con los estatutos en cuanto a los derechos de los afiliados. Pero no, Cs era un partido nacido a la sobra del PP, sin rumbo y sin criterio, como ha demostrado estos cuatro años y se ha manifestado en contradicciones, algunas de ellas incomprensibles, que insultan nuestra inteligencia y capacidad de entendimiento. Nuestro enfado (de Ignacio y mío) con la organización era tal que no podíamos seguir representadola, así que pensamos en renunciar. Ignacio ya estuvo en Política, pero yo no, desconocía los procedimientos, por lo que hicimos caso a un miembro de Compromis que al parecer conocía como se tenía que hacer. Error, gran error. Presentamos un escrito por registro que, cuando alguien lo leyó, saltó la alarma. Aquella persona nos dijo: “Si hacéis eso os vais a complicar, retirarlo”. Así que, el personaje de Compromís, que tanto se suponía que sabía, entro al registro y lo saco. Segundo error. Lo que se tenía que haber hecho era solicitar por escrito en registro la retirada del documento aludiendo error en la finalidad y, con esto, no hubiera pasado nada. Los errores administrativos pueden llevarse al juzgado como fraude de ley, así que el PP, muy vivo en estas cuestiones, lo denunció en el juzgado y todos sabemos cuál fue el resultado. Para más inri, la concejala de Si se puede, publico en su muro el pacto de Gobierno. Dijo que era por trasparecía. ¡Qué curioso! Estos de podemos solo ven la trasparencia donde les interesa.

Con todo el asunto denunciado por el PP, ni siquiera nos aconsejaron personarnos para poder ejercer mayor presión y estar al tanto. Pero con esa losa encima llegamos a agosto del 2015. Un día me dieron una noticia espantosa, casi no me la podía creer. Paco Conejero había muerto. Me desplomé. Baje a alcaldía para confirmar la noticia y, en efecto, mi amigo Paco, a quien recordaba desde aquellos días en Garnero, nos había dejado. Cuando pude reponerme le dije a la alcaldesa que la capilla ardiente debía de instalarse en el Salón de Plenos y que, como Concejal de Servicios Generales, iba a reunirme con el encargado para organizarlo todo. Y eso hice. El pueblo de Santa Pola pudo presentar sus respetos al primer alcalde de la democracia y la alcaldesa convocó un pleno para que Paco tuviera su reconocimiento como debía.

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