martes, 4 de junio de 2019

INMOVILISMO Y MEDIOCRIDAD

Cuando la mediocridad y el inmovilismo, añadido a una política parasitaria, se instala en un Gobierno; cuando una estructura de gobierno se fragmenta en prioridades y no se acomete aquello realmente necesario, el resultado final es un desastre sin precedentes. Si además la alternativa es la capacidad, o quizá sería mejor decir la incapacidad de mejorar lo obvio, entonces el camino del futuro solo puede discurrir con la continuidad de la mediocridad, el inmovilismo y la política parasitaria.

Decía Abel Caballero veinte años después de haber peatonalizado algún que otros sector de Vigo: “Que yo sepa, todavía no ha entrado a comprar ningún coche en mi negocio”.


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     Cuando se inició el proceso de peatonalización del centro urbano de Santa Pola, al igual que sucede en la mayoría de ciudades y pueblos, muchos pusieron el grito en el cielo. La Asociación de Comerciantes fue uno de los colectivos más beligerantes, algo muy comprensible puesto que veían peligrar el futuro de sus comercios. A día de hoy, tenemos información suficiente para ver el alcance del impacto sufrido. Lo que a mí me han contado es que a unos les ha ido mejor y a otros peor, incluso se han abierto nuevos comercios. También me han comentado algunos de los comerciantes, que no todos coinciden con las reivindicaciones de la Asociación de Comerciantes y muchos discrepan de su forma de actuar, incluso otros se han dado de baja, es decir, que no todos están de acuerdo con reabrir las calles, que al fin y al cabo son cinco.

     Lo que sí es cierto que no se ha terminado de realizar lo que estaba previsto y eso es algo que no puedo entender. La segunda fase se componía de homogeneizar el suelo una vez todas las redes de servicio, tanto hidráulicas, como eléctricas y de telecomunicaciones, se adaptarán para cubrir todas las necesidades. Todas las calles peatonalizadas quedarían adoquinadas en un nivel establecido por los parámetros técnicos requeridos, un canal de evacuación de pluviales en el centro longitudinal de la calzada evacuaría las aguas de lluvia. Solicitando el control de vertidos, el cual es obligado por Ley y que Santa Pola no tiene. Era necesario también, previamente, localizar y canalizar la veta de agua que pasa por debajo del Castillo para canalizarla al mar y, evitar así, lago que probablemente esté sucediendo, me refiero que desconocemos el impacto que esa corriente tiene sobre los cimientos de los edificios de las calles, Muelle, Sacramento y Hernán Cortés. Así que lo que tenemos es un gato al que hay que ponerle un cascabel.

     El hecho de la más que probable nueva Alcaldesa haya adquirido el compromiso de abrir las calles al tráfico y después cerrarlas con bolardos electrónicos, que si el domingo no o que el lunes sí, me parece una idea de lo más incoherente que se puede llevar a cabo. Sin duda, se va a generar un conflicto entre los conductores muy adverso para la estabilidad del tráfico. Un centro adoquinado y embellecido, controlado por cámaras capaces de discriminar las matrículas de los residentes, proveedores, y servicios de diferente ámbito de actuación, es lo que se está utilizando en muchas ciudades españolas y europeas desde hace décadas, y funciona, funciona perfectamente. Las calles estarían abiertas, pero debidamente señalizado el sistema de control y, cualquier vecino, comerciante o proveedor que precise pasar podría hacerlo sin problemas, puesto que, previamente, las matriculas se habrían incorporado al sistema. El que pasara sin estar su matrícula codificada, se enfrentaría a una sanción, algo que, en el último momento, decidiría el policía que controla las cámaras. Este sistema tenía un coste de menos de 60.000 € y no sería necesario dedicar equipos de la policía constantemente a controlar el centro. A mí me parece una opción muy sensata, por eso luche para que se instalarán, pero, como dice el refrán: "Quien con niños se acuesta..."

     Sí que es cierto que en lo cambios de sentido de algunas de las calles han aparecido problemas, pero nada que no se pueda solucionar con un replanteamiento de la circulación. Nadie sería capaz de acertar a la primera con sus previsiones. Tampoco entiendo mucho por qué si ponen los bancos móviles con arbusto que hay que regar. Sinceramente, estas ideas de iluminados son las que más me confunden. Si se quitaron los maceteros que había por que las raíces estaban colmatando el vaso y había peligro de rotura al no poder tener desagüe, ¿por qué se pone un arbusto que se tenga que regar? ¿No es mejor poner algún icono de material inerte? La idea, por si alguien no lo ha entendido, era poder disponer de un espacio amplio para realizar actos que revitalizaran el centro y, para ello, también había que instalar arquitectura textil que diese sombra. A veces me pregunta si estaba con gente de otro planeta o, tal vez, de otro planeta fuera yo.

     Ahora, nos enfrentamos a otros hombres y mujeres que van a gestionar este dilema y, según parece, nadie entiende el trasfondo de la cuestión. Si las personas no podemos disfrutar de una pequeña porción de nuestro pueblo, ¿dónde podemos hacerlo? Estar tranquilos cuando los hijos jueguen sin peligro, no tener que estar tragando las toxinas del tubo de escape.  Recuperar, en definitiva, el espacio que los coches nos arrebataron. Yo y mucho como yo, queremos ese espacio para recuperar nuestra parte social y humana, y levanto la voz contra la mediocridad política de un sector dominado por la intolerancia y la ignorancia, politizado y absurdamente movilizado por políticos mediocres. Me viene a la cabeza aquella frase de Arturo Pérez Reverte que dice así: "De nada sirven las urnas si el que mete la papeleta es un analfabeto”.



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